Gallipoli se parece a Cádiz. Ya me lo había dicho Paloma y me parece un canteo lo mucho que se parece en estructura, un itsmo solamente unido por un puente, con castillo aragonés a la entrada y con una muralla bordeando toda la ciudad, me hubiera gustado tener una vista aérea, como la de la foto. Es una ciudad pequeñita pero preciosa e imagino que vista desde el mar, tiene que serlo aún más.
Gallipoli significa en griego “ciudad bonita”, ya le venía dado con el nombre. Hay otro Gallipoli en Turquía que es tristemente famoso por la batalla de la 1 guerra mundial, pero ese es otro viaje…
La catedral tenía la portada exterior en restauro, mala suerte. Que hará este pueblo en invierno? Son todo tiendas de turistas!! De que viven? Hemos visto una playa muy bonita porque está más bien vacía, no es muy grande y con el cielo tormentoso al fondo se veía preciosa, no quiero imaginarla invadida de turistas o veraneantes. Cuando nos adentramos en las callejuelas te das cuenta de que pasa lo mismo que en Santiago, todas las tiendas que son de baratijas para turistas, no hay comercio local, no hay tiendas para los vecinos, solo tiendas de recuerdos que además son horribles, es otra triste marca de la globalización. Lo que sí había era restaurantes con su propia pescadería dentro donde podías ver mariscos varios, muy grandes y con muy buena pinta. Comimos en uno muy marinero y la verdad es que comimos fenomenal, aunque nada más llegar, el camarero nos informo de que no tenían muchas cosas de la carta, adaptan el menú a la pesca de ese día; yo comí una fritura de calamar muy fresco absolutamente delicioso, los chicos algo de pasta con pez espada, también buenísimo!! Yo tomé una frasca de vino espumoso blanco riquísimo que iba genial con la fritura. Luego, después de una mañana amenazadora de tormenta, finalmente se puso a llover mientras comíamos, debajo del toldo, así que no nos mojamos aunque sí nos salpicaba un poco. Pedimos un machiatto pero no había, había café y nada más, ni gota de leche! Después nos resguardamos bajo la lluvia en una gelateria (que buenos están los helados en todas partes!), y como ya habíamos paseado por Gallipoli, nos volvimos al coche para ver otro pueblo, Galatina. Estos pueblos y ciudades del sur, del Saliento, son bastante parecidas, difieren en tamaño pero con su muralla rodeando la ciudad, un buen castillo aragonés para protegerse, una catedral y media docena de Iglesias de construcción románica o gótica, como las que vimos ayer, y también muchísimas iglesias con profusa decoración barroca en la portada. El barroco Salentino.
Volvimos hacia el coche con la mosca detrás de la oreja porque nos acordamos de que no habíamos puesto ticket para el parking, pero pensamos que con la tormenta que había caído y con el vendaval, el vigilante sería un poco vago y no pondría multas, a ver, cruzamos los dedos. En efecto, en este país las normas están para saltárselas, nadie respeta nada y menos si tiene que ver con tráfico, salvo que sea de aparcamiento, ya os había comentado que esto si está bien regulado y no se te puede olvidar poner ticket porque te la calzan, y así fue, nos han puesto una multa!!! Que desastre, habrá que pagarla online para que no nos la líen los del alquiler del coche que son unos gitanos.
Y continuamos hacia Galatina, otro pueblito más con una iglesia que recomendaba la guía. Merece la pena parar en este pueblo solo para alucinar con la basílica de Santa Caterina d’Alessandria. La portada es sobria pero decorada con filigranas en la puerta, pero cuando entras se te abre la boca de admiración y no se te cierra hasta pasado un rato: toda la iglesia está cubierta de frescos del siglo XIV sobre la vida de Caterina de Alejandría, la vida de Jesús y antiguo testamento. También estaba por allí San Jorge peleando con el dragón, y por eso le mandamos la foto a Jorge. Una iglesia preciosa que merece una parada en este pueblo, aunque solo sea para esto.



























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