viernes, 12 de agosto de 2022

Gallipoli y Galatina

Gallipoli se parece a Cádiz. Ya me lo había dicho Paloma y me parece un canteo lo mucho que se parece en estructura, un itsmo solamente unido por un puente, con castillo aragonés a la entrada y con una muralla bordeando toda la ciudad, me hubiera gustado tener una vista aérea, como la de la foto. Es una ciudad pequeñita pero preciosa e imagino que vista desde el mar, tiene que serlo aún más. 

Gallipoli significa en griego “ciudad bonita”, ya le venía  dado con el nombre. Hay otro Gallipoli en Turquía que es tristemente famoso por la batalla de la 1 guerra mundial, pero ese es otro viaje…

Esta foto la saqué volando sobre Gallipoli. Chula, eh?



 La catedral tenía la portada exterior en restauro, mala suerte. Que hará este pueblo en invierno? Son todo tiendas de turistas!! De que viven? Hemos visto una playa muy bonita porque está más bien vacía, no es muy grande y con el cielo tormentoso al fondo se veía preciosa, no quiero imaginarla invadida de turistas o veraneantes. Cuando nos adentramos en las callejuelas te das cuenta de que pasa lo mismo que en Santiago, todas las tiendas que son de baratijas para turistas, no hay comercio local, no hay tiendas para los vecinos, solo tiendas de recuerdos que además son horribles, es otra triste marca de la globalización. Lo que sí había era restaurantes con su propia pescadería dentro donde podías ver mariscos varios, muy grandes y con muy buena pinta. Comimos en uno muy marinero y la verdad es que comimos fenomenal, aunque nada más llegar, el camarero nos informo de que no tenían muchas cosas de la carta, adaptan el menú a la pesca de ese día; yo comí una fritura de calamar muy fresco absolutamente delicioso, los chicos algo de pasta con pez espada, también buenísimo!! Yo tomé una frasca de vino espumoso blanco riquísimo que iba genial con la fritura. Luego, después de una mañana amenazadora de tormenta, finalmente se puso a llover mientras comíamos, debajo del toldo, así que no nos mojamos aunque sí nos salpicaba un poco. Pedimos un machiatto pero no había, había café y nada más, ni gota de leche! Después nos resguardamos bajo la lluvia en una gelateria (que buenos están los helados en todas partes!), y como ya habíamos paseado por Gallipoli, nos volvimos al coche para ver otro pueblo, Galatina. Estos pueblos y ciudades del sur, del Saliento, son bastante parecidas, difieren en tamaño pero con su muralla rodeando la ciudad, un buen castillo aragonés para protegerse, una catedral y media docena de Iglesias de construcción románica o gótica, como las que vimos ayer, y también muchísimas iglesias con profusa decoración barroca en la portada. El barroco Salentino. 




Este es San Pio, un capuchino más popular que Raffaela Carra en sus épocas, era de esta zona y murió en Puglia después de hacer muchos milagros, lo canonizó Juan Pablo II en 2002. 










Volvimos hacia el coche con la mosca detrás de la oreja porque nos acordamos de que no habíamos puesto ticket para el parking, pero pensamos que con la tormenta que había caído y con el vendaval, el vigilante sería un poco vago y no pondría multas, a ver, cruzamos los dedos. En efecto, en este país las normas están para saltárselas, nadie respeta nada y menos si tiene que ver con tráfico, salvo que sea de aparcamiento, ya os había comentado que esto si está bien regulado y no se te puede olvidar poner ticket porque te la calzan, y así fue, nos han puesto una multa!!! Que desastre, habrá que pagarla online para que no nos la líen los del alquiler del coche que son unos gitanos. 

Y continuamos hacia Galatina, otro pueblito más con una iglesia que recomendaba la guía. Merece la pena parar en este pueblo solo para alucinar con la basílica de Santa Caterina d’Alessandria. La portada es sobria pero decorada con filigranas en la puerta, pero cuando entras se te abre la boca de admiración y no se te cierra hasta pasado un rato: toda la iglesia está cubierta de frescos del siglo XIV sobre la vida de Caterina de Alejandría, la vida de Jesús y antiguo testamento. También estaba por allí San Jorge peleando con el dragón, y por eso le mandamos la foto a Jorge. Una iglesia preciosa que merece una parada en este pueblo, aunque solo sea para esto. 










Hoy es nuestro último día, día de tormenta tremenda y chaparrones, mañana nos volvemos ya hacia Bari a recoger la ropa que me olvidé, y luego seguimos ya hacia Nápoles porque hay que devolver el coche, dejar las maletas y esperar al vuelo de madrugada… no apetece nada este vuelo previa noche toledana, ya no tenemos edad para esto, qué pereza!! Y es que andar como gitanos también es muy cansado, moverse tanto es agotador a la larga, aunque es la mejor manera, creemos nosotros, de conocer bien un sitio y hacerse a la idea de cómo son las cosas. Estoy algo triste porque estoy cansada pero sobre todo porque se nos acaba el viaje, es una suerte poder viajar y vivir otros sitios. Italia en particular me encanta, no es la pasión que tengo por Portugal pero es un país divertido y variado, y ni digamos la diferencia entre el norte y el sur. La comida y la bebida también son fáciles de disfrutar, riquísimos vinos y el Spritz Aperol, aunque me he quedado sin hablar de la política del país y sobre todo de la mafia. La gente es amable con el turista, pero claro, es que no les queda otra y desde luego exprimen todo cuanto el turista puede dar, aunque suene feo, deberíamos aprender un poco nosotros también. Hoy día nada es gratis, menos en España. 
Y aquí acaba la historia de tres que viajaron a Nápoles y a Puglia en una ola de calor, que vieron muchísimas cosas y que lo pasaron de fábula aunque echaron mucho de menos a Jorge que no pudo venir! A ver si Pedro y Juan escriben algo de sus sensaciones y cerramos ya este blog!! 
Muchos Besos y gracias por la compañía!!🥰🥰🥰

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