Anoche vino Juan, llego con algo de retraso y al pobre no le dimos una bienvenida tan estupenda como se merecĂa, estábamos exhaustos y con ganas de dormir, nada más. AĂşn asĂ estuvimos un ratito de charla y le dimos una cerveza mientras nosotros le dábamos al licor lituano de 50 graditos! Aunque le bienvenida a lo mejor no fue tan espectacular, creo q pensar en pasear todo el dĂa de hoy por Nápoles en moto hizo su efecto y se quedĂł encantado. Y vaya si le ha gustado!!! En Nápoles no hay más que millones de motos…, me gustarĂa saber realmente cuántas hay!!!! Muchas más motos que coches, estoy segura.
Bueno, ahora va el episodio moto: como ya contamos, no habĂa motos para alquilar el dĂa que llegamos asĂ que reservamos dos para hoy, pensando precisamente en Juan. Vaida se fue hoy al mediodĂa asĂ que le dio tiempo a un paseito. La cosa es que recogimos las motos y nos vinimos a casa a buscar a Vaida y a Juan, nos subimos los cuatro en las motos y allá nos fuimos a enseñarle Nápoles a Juan. Para empezar, hemos contravenido cualquier regla de tráfico, todas, nos hemos metido por prohibidas, por peatonales, nos hemos saltado algĂşn semáforo y en fin, hemos hecho exactamente lo que hace un napolitano. Ni más, ni menos. Cuando subĂamos al castillo de san Telmo para disfrutar nuevamente de las vistas, la moto que llevaba yo con Vaida empezĂł a hacer un ruido extraño y yo notaba cĂłmo cada vez tenĂa menos sitio en la moto, la carcasa delantera, el cristal ese horrible, cada vez me chocaba mas con el casco (si, hemos sido napolitanos legales y hemos llevado casco todo el dĂa), y cada vez Vaida se estrujaba más contra mi, y no era el bolso, es que no cabĂamos, porque claro, la parte del manillar cada vez se vencĂa más hacia mĂ. Y subiendo una cuesta bastante empinada llena de sampietrini y más baches, ya me agobiĂ© mucho y decidĂ parar. Los chicos iban por delante y no nos vieron, pero sĂ tuvimos mucha suerte porque detrás de mĂ venĂa un tal Carlo en una moto y además con perro. El tĂo fue encantador y como nos vio en apuros, decidiĂł parar y ayudarnos. Se quedĂł flipando cuando vio que era que el eje de la moto se habĂa partido y se estaba plegando como un autĂ©ntico sandwich!!! Por supuesto Ăbamos a dos por hora porque yo estaba muy extrañada del comportamiento de la moto. El tĂo sacĂł el telĂ©fono suyo y llamĂł por telĂ©fono a la tienda de alquiler de motos y les contĂł con autĂ©ntico horror que no nos habĂamos matado de milagro, que esta moto no tenĂa remedio y que era una suerte que estuviĂ©ramos perfectamente bien. Oh Madonna, decĂa con muchas otras cosas más que no entendĂ (napolitano?), y movĂa las manos incansablemente! A los tres minutos apareciĂł el tĂo de la tienda y cuando vio la moto, vamos, se hacĂa cruces, me preguntĂł 40 veces si estábamos bien y si nos habĂamos comido algĂşn bache muy serio, pero yo con Vaida detrás intentaba ser lo más suave posible para que no se asustara, asĂ que iba bastante cautelosa. Total, que el tĂo de la tienda nos dio su moto y el se llevĂł andando por supuesto, la otra hacia el taller o al cementerio de motos, eso no lo sĂ©. Gracias a dios a partir de ese momento, que fueron solo cinco minutos gracias a este encantador Carlo, seguimos con la moto y hemos disfrutado muchĂsimo todo el dĂa!!!
QuĂ© locura de conducciĂłn!!! Es muy divertido si observas previamente cĂłmo se comportan estos bárbaros: siempre con prisa, sin enfadarse pero rápido, te pitan enseguida que se pone verde, no te da tiempo ni a mirar, rápido rápido, eso de que ”qui va Piano va lontano” no va con los napolitanos, y sin haberlo buscado, me ha salido un pareado. El paso de cebra es pura coincidencia, son rayas pintadas en el suelo y uno cruza donde quiere y cuando quiere sabiendo que se está jugando la vida, es un juego psicolĂłgico entre conductor y peatĂłn, si te lanzas tienes más posibilidades de cruzar que si te quedas esperando a que te vean y paren. Las calles prohibidas no existen, la señal de prohibido será para los coches pero ni motos, ni patinetes, ni bicicletas respetan ni una de ellas, y menos mal, porque circular en el centro histĂłrico de Nápoles es una autĂ©ntica locura y no llegas jamás si no te saltas una o más de las señales de tráfico que te encuentras. Si un napolitano va a Madrid, o en general a España, se muere del aburrimiento. QuĂ© pensarán de nosotros en este sentido? Que somos sĂşper europeos, supongo; esto es mucho más parecido a España hace 30 o 40 años de lo que jamás me hubiera imaginado. Y Juan, que odia las scooters y es sĂşper cuidadoso con la conducciĂłn y con las señales y normas de tráfico, hoy se ha dado la vuelta como un calcetĂn, ha hecho de napolitano como si viviera aquĂ mismo!!!
Las calles de Nápoles son muy sucias, llenas de pintadas absolutamente todas, da igual lo importante que sea el edificio, está todo siempre cubierto de pintadas, las basuras están por todas partes y los contenedores rebosan como que hace 20 dĂas que no se recoge la basura, y luego, sobre todo en la zona centro, hay esquelas tamaño gigantesco en toda la calle, ya sea porque alguien acaba de morir o por quĂ© es el aniversario, están por todas partes. Con lo que le gusta a Pili mirar las esquelas del ABC, aquĂ se podrĂa pasar el dĂa entero dando paseos por Nápoles…supongo que los muertos se anuncian por barrios, en fin, quĂ© macabro todo. Con todos estos detalles, la ciudad de Nápoles parece un autĂ©ntico desastre, pero es una ciudad que tiene un encanto innegable y es fascinante en todos los aspectos. Prueba de ello es que está absolutamente llena de turistas y que hoy sin ir más lejos hemos visto dos cruceros que son como dos ciudades flotantes que han desembarcado en Nápoles!!




















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